Guttmann, en colaboración con su Consejo Social y de Participación (CSiP), ha publicado el informe LA SOLEDAD NO DESEADA EN LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD FÍSICA, un documento que analiza este fenómeno desde una mirada social y de derechos, señalando cómo las barreras físicas y sociales pueden dificultar las relaciones interpersonales y la participación comunitaria, favoreciendo situaciones de aislamiento y exclusión.
La soledad no deseada aparece cuando hay una diferencia entre las relaciones sociales que una persona tiene y las que querría tener. “No se refiere únicamente a ‘estar solo’, sino a sentirse desconectado o sin el apoyo y la compañía que desean. Puede experimentarse aunque la persona esté rodeada de gente, y su impacto en el bienestar emocional y la salud es significativo”, expone Blanca Cegarra, socióloga e investigadora del proyecto PARTICIPA de Guttmann, que tiene como objetivo identificar las barreras y facilitadores que determinan la participación en la sociedad de las personas con discapacidad. De hecho, la evidencia científica ha demostrado que la soledad no deseada tiene un impacto equivalente a fumar 15 cigarrillos al día, aumentando el riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cardiovasculares y muerte prematura.
La discapacidad incrementa la soledad
Según los datos del proyecto PARTICIPA, el 54% de los participantes perciben que algunas veces o con frecuencia les falta compañía, el 57% se sienten excluidos y el 53% se sienten aislados.
Además, al comparar los niveles de soledad no deseada en un grupo de personas con discapacidad y otro de personas sin discapacidad, el estudio detectó que el 41% de las primeras experimentaba soledad no deseada, frente al 13% de las segundas.
Factores acumulativos
El documento también analiza factores que fomentan esta soledad y que la mayoría de veces son acumulativos, como por ejemplo las barreras físicas y actitudinales, la expulsión del mercado laboral y formativo, la desventaja económica que implica tener una discapacidad o el hecho de ser mujer o de edad avanzada.
Las entidades del sector social han puesto en marcha iniciativas para paliar este fenómeno, como programas de vacaciones accesibles o de fomento del voluntariado entre las personas con discapacidad. “Todavía hoy, muchas iniciativas se dan entre personas con discapacidad o en forma de acciones de ayuda mutua. Sin embargo, cada vez se abren más proyectos inclusivos y comunitarios de gran interés que habría que potenciar, por ejemplo a través del ocio y el deporte inclusivo, así como encuentros y convivencias comunitarias que favorecen la interacción social, la participación y la sensibilización», señala Toni Vilà, presidente del CSiP.
Por todo ello, los autores del informe plantean estrategias para combatirla y exigen acciones a los responsables políticos, como garantizar una financiación pública sostenida y el acceso al servicio de asistencia personal, impulsar la accesibilidad universal y apostar por una educación inclusiva.